Long COVID y disautonomía: qué son y cómo se conectan

Muchas personas siguen con fatiga, palpitaciones, mareos o niébla mental meses después del COVID-19. Te explicamos qué es el long COVID, qué son las disautonomías y por qué a menudo van de la mano.

El long COVID, o COVID prolongado, es el conjunto de síntomas que continúan, reaparecen o aparecen de nuevo después de una infección por SARS-CoV-2. En la práctica clínica también se le llama "condición post-COVID-19" o "secuelas post-agudas del COVID".

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¿Qué es el long COVID?

Existen dos definiciones de referencia:

  • Organización Mundial de la Salud (OMS): ocurre en personas con antecedente de infección probable o confirmada, generalmente tres meses después del inicio del COVID-19, con síntomas que duran al menos dos meses y que no se explican por otro diagnóstico.
  • Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE. UU. (2024): una condición crónica asociada a infección, presente por al menos tres meses, que puede ser continua, con recaídas y remisiones, o progresiva, y que se manifiesta como uno o varios síntomas y/o condiciones diagnosticables.

Lo importante: el long COVID no es una enfermedad única. Es un cuadro heterogéneo que puede afectar a distintos sistemas del cuerpo. Los síntomas más descritos son fatiga, falta de aire, dificultad para concentrarse o recordar (niebla mental), dolor, alteraciones del sueño, síntomas digestivos y cambios en el ánimo. Pueden fluctuar de un día a otro y limitar la vida cotidiana.

Un recordatorio: ¿qué es una disautonomía?

El sistema nervioso autónomo regula, sin que lo decidas, funciones como la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el flujo de sangre al ponerte de pie, la temperatura y la digestión. Cuando no se adapta bien a los cambios del día a día, hablamos de disautonomía.

Entre las formas más frecuentes están el síndrome de taquicardia postural ortostática (POTS), la taquicardia sinusal inapropiada, la hipotensión ortostática y el síncope reflejo. Puedes revisar una explicación más completa en nuestro artículo anterior, "¿Qué son las disautonomías?".

¿Cuál es la conexión?

La disfunción autonómica cardiovascular es un componente importante del long COVID. Según una revisión de especialistas en el tema, podría afectar a alrededor de un tercio de las personas con síntomas más intensos, y muchas de ellas cumplen criterios de POTS o de taquicardia sinusal inapropiada. También se han descrito hipotensión ortostática, hipotensión después de comer y desmayos de origen reflejo.

Otros datos que ayudan a dimensionar el problema:

  • En una encuesta internacional a más de 2.000 personas con long COVID, alrededor de dos tercios tenían un puntaje de síntomas autonómicos sugerente de disfunción moderada a severa, sin diferencias entre quienes habían estado hospitalizados y quienes no. Es una encuesta autorreportada y no equivale a un diagnóstico, pero muestra que estos síntomas son frecuentes.
  • Las estimaciones de cuántas personas desarrollan POTS después del COVID-19 varían mucho. Algunas revisiones hablan de entre un 2 % y un 14 % de los sobrevivientes, mientras que en estudios hechos en atención primaria con población general post-COVID la cifra fue bastante menor. La diferencia depende de a quién se estudia, de cuánto tiempo pasó y de cómo se define y mide el cuadro. No existe una cifra única.
  • Las infecciones virales ya eran un gatillante conocido del POTS: una proporción importante de los casos parte pocas semanas después de una infección. El COVID-19 se sumó a esa lista y aumentó la cantidad de personas que consultan por este motivo.

¿Por qué ocurre?

Todavía no se conoce con certeza. Las hipótesis más discutidas, que pueden coexistir, son:

  • Una respuesta autoinmune tras la infección.
  • Daño directo del virus a estructuras del sistema nervioso autónomo.
  • Inflamación persistente y alteración de los vasos sanguíneos más pequeños (disfunción microvascular).
  • Participación del sistema nervioso central.

Tampoco está claro por qué algunas personas desarrollan estas alteraciones y otras no. Lo que sí está bien descrito es que puede ocurrir después de un COVID-19 leve, y no solo tras cuadros graves.

¿Cómo se sospecha y se diagnostica?

Muchos síntomas del long COVID se parecen a los de una disautonomía: fatiga, palpitaciones, mareo al ponerse de pie, niebla mental, intolerancia al esfuerzo o al calor. Por eso, los expertos recomiendan evaluar de forma activa la posibilidad de POTS u otra disautonomía en cualquier persona con síntomas persistentes después del COVID-19.

La evaluación incluye:

  • Historia clínica detallada, con el inicio de los síntomas, qué los desencadena y qué otras condiciones existen.
  • Medición de presión arterial y frecuencia cardíaca acostado y de pie (prueba ortostática de 10 minutos).
  • Electrocardiograma y exámenes de laboratorio, para descartar otras causas de los síntomas.
  • Test de mesa basculante (tilt test) en casos seleccionados.

Importante: el diagnóstico de POTS exige que los síntomas se mantengan por al menos tres meses y que no haya otra explicación evidente, y debe ser realizado por profesionales de la salud.

Tratamiento: un abordaje en equipo

No hay un tratamiento único, y el manejo se ajusta a cada persona. Las guías de clínicas especializadas en long COVID destacan el trabajo multidisciplinario, con cardiología, neurología, rehabilitación, kinesiología y otras áreas.

  • Medidas generales: hidratación adecuada, ajuste de la sal bajo indicación profesional, evitar el calor excesivo y estar de pie quieto por mucho tiempo, levantarse de forma gradual y usar prendas de compresión cuando están indicadas.
  • Rehabilitación y actividad física: programas muy graduales y supervisados, adaptados a la tolerancia de cada persona. En quienes empeoran después del esfuerzo, la progresión debe ser especialmente cuidadosa.
  • Medicamentos: se indican de forma individual cuando las medidas anteriores no bastan. Existen distintas opciones, pero la evidencia específica para el POTS post-COVID es limitada.
  • Manejo de otros síntomas asociados, como el sueño, el dolor y los síntomas cognitivos.

¿Cuándo consultar?

Consulta con un profesional si, después de un COVID-19, presentas fatiga persistente, palpitaciones, mareos al ponerte de pie, desmayos, niebla mental u otras dificultades que no mejoran o que limitan tus actividades.

Busca atención médica urgente si un desmayo ocurre durante el ejercicio, si se acompaña de dolor en el pecho, falta de aire o palpitaciones intensas, o si hay una lesión por la caída.

Ideas clave

  • El long COVID es un cuadro heterogéneo, definido por síntomas que persisten al menos tres meses tras la infección.
  • La disautonomía, en especial el POTS, es una de sus manifestaciones más reconocidas.
  • Puede aparecer después de un COVID-19 leve y no depende de haber estado hospitalizado.
  • Las causas exactas aún se investigan; el diagnóstico requiere una evaluación ordenada.
  • El manejo es multidisciplinario, gradual y personalizado.

Este artículo tiene fines educativos y no reemplaza la evaluación ni las indicaciones de un profesional de la salud.

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